El Ciberespacio… un lugar de encuentro – Lic Gabriela Benedetti

Las redes sociales representan nuevos espacios de relación para los adolescentes constituyendo espacios relevantes de sociabilización y de intercambio, en los que se generan procesos de identificación, expresión, pertenencia entre otros.

Lleva consigo maneras de percibir, de sentir, de jugar y de estar juntos.

Plataforma donde se ponen imágenes, textos y audios; estrategias para decir quiénes somos ante los demás.

     INSTRAGRAM…para la identidad estética

     SNAPCHAT…relatos que se desean contar

     TWITTER…espacio de opinión y de contacto con personalidades publicas

Estados del WHATSAPP…para contar cómo me siento.

     WATTPAD…sitios digitales para contar historias.

     Un AVATAR…para crear la identidad digital.

Julián Varsavsky y Daniel Wizemberg, ambos cronistas argentinos escriben en su libroCorea: Dos caras extremas de una misma nación”, los alcances del consumo digital y su impacto en los jóvenes.

Tras el Mundial de Futbol 2002, Corea del Sur encuentra su veta en la ciencia ficción, la automatización, la realidad virtual, y la simulación.

Lo digital pasa a ser moda y obsesión. Comienza la era de una sociedad desmaterializada.

El objetivo es que las cosas no sean lo que son, sino simulen lo original. La informática reemplaza a la realidad, que se vea, pero no se toque.  La réplica equivale a la perfección y la gracia está en esa confusión.

Asistimos a una sociedad que tiende a desmaterializarse. La fantasía futurista es que algún día lo que existe se trasmute en un matriz digital.

El imaginario coreano apunta a un mundo simbólico de seres y objetos que pierden materia, una percepción regida por una tactilidad donde se pueda ver e interactuar, pero no tocar salvo a través del mousse, que también desaparecerá por tecnologías que reconozcan la voz.

En este país se estudia frenéticamente como suprimir la sustancia.

El lugar por excelencia de relax para los adolescentes coreanos es el PC Bang, cibercafés. Son 22000 en todo el país, abiertos las 24 horas. Son centros de sociabilización donde compiten los adolescentes. Se destacan por su talento adquirido en miles de horas de juego y son fichados para integrar equipos profesionales y participar de Olimpiadas del ciber espacio, es casi la única evasión del estudio para los adolescentes. Se la nombra como “intoxicación digital “es decir una sobredosis de navegación digital.

Esta situación despierta en ellos euforia sensorial, produce disfunciones perceptivas donde no se distingue la realidad física de la virtual, confundiendo el adentro y el afuera de la pantalla. Pierden la noción de tiempo real en favor del digital donde todo ocurre más acelerado, tan vertiginoso que desaparece la idea de pasado y futuro, se vive en un presente continuo. Dentro de la pantalla participan de cibercombates grupales.

La droga no es química sino digital, adolescentes que pasan entre 10 a 15 horas mirando una pantalla. Se busca que vuelvan a socializarse cara a cara con contacto físico.

La ciberadicción generó que en los Hospitales se cuente con un “Departamento. de Terapia de Realidad Virtual” orientado a regresar al paciente a la vida analógica.

En los Hospitales Internet se le ofrece jugar al ping pong, las cartas, caminar, dibujar y colorear sueños, meditar, escribir una poesía y mucho deporte “físico”.

Se busca que vuelvan a socializar cara a cara con contacto físico recuperando la idea de que es posible divertirse en el mundo real y vivir sin tanta tecnología.

El síndrome de abstinencia al principio es fuerte, después la ansiedad cede y el siguiente paso es disociar entre lo real y lo virtual por eso hacen ejercicios de escalada, salto al vacío con un arnés para que vuelvan a sentir ya que en la pantalla desaparecen los sentimientos.

Se apunta a la revalorización de la vida, a sentir, a encontrarse consigo mismo, a descubrir un otro, a volver a conectarse con el mundo real.

María Gabriela Benedetti

Psicopedagoga – Consultora Psicológica

 

La integración del pensar, sentir y actuar en la formación de valores. Una propuesta de intervención -Lic. Adriana Rada

INTRODUCCIÓN

El propósito del presente trabajo es reflexionar acerca de cómo la escuela y específicamente la escuela católica intervienen en la formación de valores. La coyuntura social actual hace que esta temática sea fuente de creciente debate en ámbito educativo porque son numerosos los cuestionamientos y muchas las dudas que surgen respecto de cómo encarar la formación de valores en la escuela. Atendiendo al propósito del presente trabajo, me interesa instalar aquí algunos cuestionamientos: frente a la urgencia de los acontecimientos habituales que suceden en las escuelas (peleas, perdidas de útiles, discusiones, incumplimientos, etc.) ¿Cómo tener en cuenta la afectividad, el nivel evolutivo, la historia personal de cada chico, la dinámica grupal y la situación que genera la conducta emergente, para dar una respuesta que sea motivo de transformación en función de los valores sustentados?

La pregunta anterior implica en sí misma un desafío que lleva implícito otro aspecto que es necesario no soslayar: ¿cómo integrar los factores antes mencionados sin desconocer los límites de la realidad: diferentes modalidades, disposiciones y aptitudes personales del personal involucrado; escaso tiempo disponible y la urgencia por la resolución de las situaciones emergentes?

 

El trabajo psicopedagógico en una institución educativa está relacionado con la educación aportando toda contribución que la facilite y enriquezca. De ahí la imposibilidad de soslayar dichas preguntas para encontrar respuestas y soluciones a las mismas. Los intentos de responder a los interrogantes mencionados desde los diferentes ángulos que integran la mirada  psicopedagógica me llevan a la concepción clara de la imprescindible integración de los aspectos cognitivos y afectivos en toda intervención orientada a la formación de los valores.

Por ello, el presente trabajo plantea la problemática de los valores en la escuela sosteniendo como tesis la necesidad de integración  del pensar, sentir, y actuar. El desarrollo del trabajo buscará entonces, en una primera parte, fundamentar teóricamente la tesis antes mencionada. Posteriormente, la segunda parte se propone, a través del relato de una experiencia, presentar una propuesta de intervención que buscará mostrar qué estrategias se consideran eficaces para concretar en la práctica docente la propuesta teórica desarrollada.

1ra. Parte: LA FORMACION DE VALORES

Plantearnos la formación de valores nos impone cuestionarnos inicialmente qué son los valores. Por ello, considero adecuado partir de la clarificación de algunos conceptos; en este caso poder avanzar sobre las repuestas a las siguientes preguntas: ¿qué son los valores? ¿por qué son necesarios? ¿cuál ha sido el devenir histórico que ha derivado en el actual contexto social-cultural? ¿qué particularidad le impone dicho contexto a la problemática de los valores? Indudablemente, las respuestas a estos interrogantes podrán establecer las definiciones que son necesarias para abordar desde qué concepción entendemos la formación de valores.

Según Onetto (1997) los valores ejercen un atractivo que orientan la conducta y despiertan adhesión profunda porque vienen a responder a aquellas necesidades últimas del ser humano que, por lo tanto, reclaman una respuesta. Desde  que nace, el Hombre, ya capaz de comprender y pensar se descubre complejo. Liberado del instinto, se descubre con diferentes opciones para actuar. Con deseos, se plantea metas. Con diversas sensaciones; de acercamiento, rechazo, cooperación, límites; se pregunta por el otro. Con la posesión del medio, se plantea la responsabilidad sobre el cuidado de la naturaleza.  Son varias las tareas que  debe resolver. Son varias las necesidades a las que debe dar respuesta. Así surgen los valores que son criterios que el ser humano va construyendo para dirigir su acción, para resolver las necesidades inamovibles de la existencia humana: la identidad, la relación con el otro y la libertad.

El autor antes mencionado hace un interesante recorrido por la historia de la humanidad en el siglo XX para dar cuenta del escepticismo actual sobre la construcción  de los valores. La experiencia de nuestro siglo ha estado marcada por proyectos colectivos que han tenido una extensión nunca vista en la historia. Solo el hecho de que la humanidad haya pasado por dos guerra mundiales, nos prueba que una gran masa de seres humanos se había alineado de algún modo con respecto a los bandos en disputa. Aún aquellas naciones aparentemente “no alineadas”, estaban fuertemente implicadas en el aspecto económico y comercial del conflicto. Ahora bien, aquellos bandos en lucha hacían apelaciones fuertemente valorativas, tanto que adoptaban un contenido utópico: se luchaba por “una nueva era de la humanidad”, “por la libertad”, ”por el retorno de los tiempos imperiales”. En realidad, ninguna guerra masiva puede efectuarse sin apelar a utopías y a contenidos fuertemente valorativos. Las guerras de mercenarios, aquellas en las que el interés económico deja de ocultarse y se hace manifiesto, no son guerras masivas. Para movilizar a los pueblos a poner en juego sus vidas no sería suficiente prometerles una paga abundante. Terminadas aquellas guerras, la humanidad pasó a estar embarcada en otros agrupamientos masivos: la distribución internacional entre los bloques capitalistas y comunistas. Esta distribución también se sostuvo en nombre de valores colectivos. Todos sabemos que  los intereses económicos estaban en la primera fila de las decisiones político-militares que se jugaron entre los dos bloques, pero esto era sustraído cuidadosamente del discurso público. La legitimación de las luchas sangrientas de la segunda mitad  de nuestro siglo siguió transitando por el carril de los valores:  “fin  de la opresión de los trabajadores”, “defensa de la libertad y la democracia”, etc.

En conclusión, los pueblos fueron movilizados en nuestro siglo por grandes proyectos utópicos y de valores. El  caudal de sangre derramada, de frío, hambre y dolor, de cuerpos mutilados, de vínculos destrozados, de mentes perturbadas irremediablemente por esa historia reciente, es tan inconmensurable, que la imaginación se nos encoge de terror con solo intentar otorgarle alguna representación. La mirada sobre este costado lacerante de la historia se llena de perplejidad y de estupor cuando se vuelve hacia el panorama internacional de nuestros días y puede ver a los antiguos enemigos unirse en nuevas y desconcertantes alianzas. Las banderas que convocaban a la lucha han sido arriadas silenciosamente. Pero lo más hiriente para la conciencia es que sería muy difícil encontrar manos convencidas para volver a enarbolarlas. Es decir, no se trata sólo de una derrota en la que los vencidos guardan sus banderas hasta la próxima oportunidad. Aquí no solo hay vencedores y vencidos , sino que ya no hay convencidos. A nuestro entender no se ha producido solo un cambio en la relación de fuerzas económicas y militares entre los bandos en conflicto, se ha producido un cambio en las certezas. Parece haberse verificado algún contacto colectivo con los límites del poder humano. Se descubrieron las carencias y los vacíos que tenían aquellos proyectos. La mirada asomó al otro lado de las cosas y los campos enfrentados ya no aparecieron tan alternativos.

Las banderas no sólo fueron arrancadas por el vencedor, todas las banderas parecen haber caído por el peso de su propia falsedad, no ha habido auténticos vencedores porque las derrotadas fueron las propuestas valorativas.

1.1 – El contexto socio-cultural actual

A lo largo de la historia de la humanidad los valores han ido cambiando  según  la concepción imperante de hombre, la ideología del grupo social de pertenencia y la del grupo social de poder. Lo analizado en el apartado anterior ofrece una interpretación acerca de la “crisis actual de los valores”. No obstante, la realidad actual también nos muestra las consecuencias desde el atravesamiento del desarrollo tecnológico y de la globalización económica provocada por el neoliberalismo. Todos los factores mencionados conforman nuevos marcos socio-culturales que inciden en la estructura familiar y que pueden ser descriptos con la siguiente caracterización:

* Nuevas constelaciones familiares, a veces muy complejas, y no siempre estables en el tiempo.

*Nuevas realidades socioeconómicas:

  • Padres varones sin trabajo, deprimidos o disminuidos en su valoración personal y /o Madres ansiosas.
  • Dificultades económicas.
  • Jornadas extensas de trabajo y por consiguiente ausencia de adultos en el hogar. Permanencia del niño mucho tiempo frente al televisor o en la calle. Padres agotados que no tienen fuerzas ni ganas de “educar” en el escaso tiempo que están con sus hijos.
  • Absorción indiscriminada de los estímulos propuestos por los medios. Escasez de dialogo familiar.

í Nuevas concepciones de los roles de padres e hijos:

  • Absorción masiva por parte de la familia de la ideología circundante. Ausencia de pensamiento crítico. “Si lo hacen “todos” es bueno”.
  • Pautas cambiantes: lo que está mal hoy  puede no estarlo mañana.
  • Subjetivismo moral. Por ej.: No hay que robar, pero si el otro fue injusto está bien hacerlo.
  • Confusión entre los conceptos de crianza y educación. Se cría pensando que se educa.                                                                                                                          usencia de proyecto formativo de valores en los hijos. Se advierte en la expresión por lo negativo: “que no sea ladrón”, que no sea mala persona”.
  • Ausencia de un proyecto formativo de valores en los hijos. Lo definen por lo negativo: “que no sea ladrón”; “que no sea mala persona”.

í Nuevas ideologías.

  • Discursos vacíos de sentido. Lo que se dice no es lo que se hace, o se dice una cosa y se aceptan modos de proceder opuestos.
  • Acepciones diferentes a conceptos tales como libertad, honradez. Así por ejemplo, Distinguir pasa a ser discriminar.
  • Rechazo al límite y la normativa. La autoridad es asimilada con el autoritarismo.
  • Ausencia de toda certeza y seguridad en el juicio sobre lo verdadero y lo falso, lo recto y lo no recto.
  • Dirección de los comportamientos. Modalidad serpenteante, hoy puede tomar una dirección y mañana la contraria. No hay proyectos, sino acuerdos provisorios en función de intereses compartidos.

1.2 – La escuela y los valores

Las dificultades que el contexto social y cultural actual añade a la tarea educativa, acentúa la urgencia de la escuela por ser transmisora de valores. En mi tarea como psicopedagoga me confronto con situaciones cada vez más complejas. Cada vez son más los alumnos que sufren. Cada vez son más las familias que sufren. Muchos de estos sufrimientos están relacionados con crianzas familiares con marcadas dificultades en el establecimiento de pautas, normas, confusión de criterios y de valores. Frente a esto, la inversión emocional que docentes, directivos y profesionales “psi” deben desplegar para contenerlos es cada vez mayor y proporcional a la gravedad creciente de los mismos.

Históricamente el niño complementaba su educación en la escuela. La indicación del maestro era palabra de autoridad ante la familia, quien la refrendaba y por consiguiente, permitía que el niño captara y acatara la unidad de criterio entre los adultos. Esta modalidad no se observa en nuestros días, especialmente en aquellos padres que son los notificados de algún incumplimiento de su hijo (déficit de rendimiento escolar, dificultades en la observancia de las pautas de interacción grupal, etc.). En general, las anécdotas contadas por el personal docente y directivo, son del mismo tenor:” Hable con la señora Fulana, informándole que su hijo, Fulanito,  no hacia las tareas de investigación de Ciencias, y le pedí su colaboración para modificar esto.” La madre llama a su hijo y le repite lo dicho por la maestra en presencia de ella, y le pregunta si es cierto que no cumplía con las tareas. El niño desmiente a la maestra. La señora se vuelve hacia ella y la confronta. “Él dice que no”. En numerosos casos los padres de niños que presentan algún tipo de dificultades se “alinean” al lado de sus hijos en contra de la maestra, “¿Como no le voy a creer a mi hijo?” .

Pueden darse diferentes interpretaciones a esta conducta pero dos aspectos básicos son innegables: la descalificación al docente y la imposibilidad de los padres de hacerse cargo del aspecto desfavorable del hijo mostrado por la escuela. La autoridad docente, imprescindible para poder enseñar, queda depreciada frente al niño por otro adulto significativo. En otros casos, la maestra imposibilitada de conseguir sus objetivos de enseñanza, reclama y hace responsable a la familia del déficit del niño. Recíprocamente la familia hace depositaria de la responsabilidad a la maestra y a la escuela. En esta confrontación el niño queda solo.

La conflictiva de escisión y tironeo de afectos y lealtades entre padres y docentes parece ser el espejo de esas separaciones familiares controvertidas donde el hijo, nuestro alumno, es adoctrinado en rencores, seducido con regalos y promesas y/o cuestionado por un padre respecto a las conductas del otro. En dichos casos el niño, pareciera ser considerado por sus padres más un adepto a conseguir, una posesión por la que luchar, que alguien respecto a quien cuidar.

En otras ocasiones,  sin mediar problemática familiar manifiesta, madres y padres demandan recetas sobre como poner límites. Por  ejemplo, planteando con angustia, no poder evitar que su hijo de 4 años sufra y llore porque no pudo encontrar la golosina deseada a pesar de haber recorrido varios kioscos; o la angustia de un padre ante la amenaza de su hija de 7 años de irse de la casa por haberle negado un deseo.

Remarco estas situaciones como  ejemplos reales que ilustran el contexto de la educación actual que caracterizan, junto a otros aspectos, la era posmoderna. Probablemente sea esta la razón de que, en los últimos tiempos, se hayan actualizado y multiplicado las propuestas de los especialistas respecto de la necesidad de la educación en valores. A pesar de proceder de diferentes concepciones  ideológicas y confesionales, lo que caracteriza a las mismas es una postura explicativa y reivindicatoria de la legitimidad de la enseñanza axiológica.

Como lo expresa Valero García (1991) “Ninguna escuela que intente ser algo más que un lugar donde se expidan conocimientos, puede orillar la educación de los valores. La escuela que pretenda desentenderse de los valores se despersonaliza y, si se opone a la realización de los mismos, no solo renuncia a los valores sino que está renunciando a lo que entendemos ser una escuela.”

No obstante, como expresa Onetto (1997) “Los tiempos que corren en la cultura nos exigen tomar ciertos recaudos antes de empezar a considerar los caminos por los que se pueden transmitir valores en nuestros días”. Al respecto, el título de su libro “Con los valores quién se anima” es, en si mismo, un signo de los tiempos en que vivimos. Sólo en una época cultural en la que están en crisis los valores humanos tradicionales es posible que surja el tipo de pregunta que aparece en dicho título.

Cuando las culturas transitaban por sus épocas de consolidación, a las que podríamos llamar sus “épocas clásicas”, la preocupación de la gente se dirigía a “cumplir” con las normas sociales. En caso contrario, el interés estaba, al menos, en “mantener las apariencias” de cumplimiento o, en los casos extremos, tomar el solitario compromiso de la rebeldía contra el “status quo”.

En las épocas de desequilibrio e inestabilidad como la nuestra,  épocas de incertidumbre, la preocupación de la gente apunta a  sobrevivir sin tener que compararse con ningún modelo social de comportamiento establecido. No es tarea fácil hablar hoy de los valores por el poco entusiasmo para pensar en ellos o la  dificultad  en poder definir que se entiende por libertad, honestidad,  fidelidad, sinceridad, etc.

En la obra mencionada Onetto expresa algo que me interesa destacar especialmente: ”Como las  palabras no se pueden guardar en arcones o roperos, se han inventado los documentos y sus marcos conceptuales para que sean encerradas y no molesten. Porque si hay algo con lo que no nos tropezamos todos los días, es con los documentos educativos, sobre todo con sus partes teóricas o conceptuales, con las que nadie nos pide estar de acuerdo y que no nos comprometen a hacer nada concreto.

Ahora bien, ¿cuál es el desafío actual de las instituciones históricamente encargadas de la transmisión y de la educación en los valores, como la escuela y la iglesia? ¿Qué decir y, sobre todo, qué hacer para que el discurso no quede vacío? Ya mencioné como la cultura posmoderna se expresa en la cotidianeidad de la escuela. Podríamos caracterizar al posmodernismo como una cultura “del fragmento” y de la imagen que tiñe nuestros vínculos cognoscitivos, emotivos y operativos con el mundo. En esta cultura entrecortada, parcial, fragmentaria, urge rescatar un sujeto que pueda construirse integrándose, en vez de fragmentándose. ¿No es acaso un sujeto “integrado” un valor? Me interesa destacar que “integrado”  nos remite a la necesidad de no perder de vista la necesaria integración de los aspectos cognoscitivos, emotivos y operativos antes mencionados. Asimismo, la síntesis que propongo podría ser también entendida desde la integración del sujeto en sus instancias psíquicas; en su pensar, sentir y actuar; integración con los otros, en una interacción satisfactoria y constructiva; integración con su medio, para cuidarlo y mejorarlo.

Según Valero García (1991) las actitudes pueden ser consideradas en función de tres componentes correlacionados entre sí:

  • Cognoscitivos: El conocimiento es un determinante para la adquisición de una actitud. Cuanto más profundo y perfecto sea el conocimiento que tenemos de una persona o de un objeto, tanto más acentuada quedará la actitud hacia esa persona u objeto. Como se puede observar, el elemento cognoscitivo implica una posición respecto a algo o alguien. Aquí podemos incluir las creencias y los prejuicios que determinan en cierto modo las actitudes.
  • Sentimentales: El sentimiento nos vincula al objeto y provoca una actitud que puede ser positiva o negativa, de atracción o de repulsión, según sea el objeto agradable o no.
  • Dinámicos: La actitud se manifiesta en la acción. La actitud inclina a actuar de un modo o de otro.

La carencia de  cualquiera de los elementos citados desvirtuará la actitud. Un conocimiento profundo con una afectividad débil, supone una actitud floja hacia la persona u objeto de que se trate. Cuando el conocimiento es imperfecto o superficial, difícilmente se dará una afectividad intensa y menos una inclinación fuerte. Si desconozco un valor, difícilmente lo estimaré y al no estimarlo, la voluntad no lo apetecerá, no podrá admirarlo ni buscarlo.

El hombre evolucionó, también la ciencia, aportando conocimientos referidos al hombre. ¿Qué pasa con la formación de valores? Creo que la coyuntura actual nos exige pensar los posibles caminos a recorrer por la escuela para hacer frente al desafío que implica educar en los valores. Particularmente me interesa plantear en el presente trabajo la necesidad de estar atentos a la realidad AFECTIVA y COGNITIVA para favorecer el cambio ACTITUDINAL implicado en toda formación de valores.

1.3 – Una mirada evolutiva sobre los valores

El niño tiene como móvil el placer y el dolor. Se guía por las sensaciones y así comprende cómo sus valores son cambiantes. Los niños valoran lo que les gusta y rechazan todo aquello que les disgusta. De allí que un elemento principalísimo para la educación en los valores es la afectividad. Los niños descubren los valores a través de una experiencia personal, no en un discurso. Le llegan a través de otro, conocido directamente o a través de un relato o testimonio de otros. Max Scheler lo expresó así: “Los valores que están incorporados a nuestras vidas tienen siempre un nombre y un apellido, porque los hemos descubierto a través de un ser humano concreto”.

Desde un enfoque constructivista la idea del desarrollo moral no se entiende como un proceso de internalización de normas sociales, sino mas bien la adquisición de principios autónomos de  justicia, fruto de la cooperación social, del respeto a los derechos de los otros y de la solidaridad entre los niños. Pero… ¿Qué son la autonomía, la justicia, la cooperación, el respeto y la solidaridad sino valores? ¿Podrían adquirirse principios autónomos de justicia si no se los estimulara en ámbitos con esta modalidad?

Considero que el niño, desde pequeño, va incorporando el aprendizaje de los valores transmitidos, inicialmente, por sus adultos significativos. Ellos, conscientemente o no le transmiten sus códigos, su propia concepción del mundo. Como lo canta Serrat:”

Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma, nuestros rencores y nuestro porvenir…

Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones con la leche templada y en cada canción…” (Estos locos bajitos).

El niño va construyendo su conocimiento a través de su continua actividad y experiencia en todos los niveles: observando, preguntando, comunicándose, ensayando nuevas conductas, imitando el comportamiento de los otros, reflexionando y comprendiendo las diferentes posiciones que personas, grupos y naciones adoptan ante los mismos hechos, experimentando relaciones afectivas y amistosas, aplicando sus reglas morales, participando en situaciones de conflicto, percibiendo y asimilando el efecto de sus conducta sobre los otros. etc.

Si bien cada niño construye sus propios paradigmas; cada acción, conducta, gesto del niño genera en el adulto una respuesta ,intencional o no, una actitud de gusto o disgusto, de aprobación o reprensión, estimuladora o inhibidora. Así por ejemplo el prestar útiles a los compañeros puede ser considerado como un gesto generoso y solidario o como una conducta tonta porque los demás se aprovechan de él. En la interacción  y desde pequeño, el niño va a ir significando sus acciones como pertinentes o inadecuadas; apreciadas o rechazadas configurándose, casi sin saberlo, un sistema de creencias afectivo valorativo, que tiende a copiar el de su entorno y que también implica la concepción de si mismo y el grado de autoestima consecuente.

Estos aspectos son retomados por Kohlberg (citados por Finardi, 1995) al afirmar que los valores se van construyendo en el transcurso de la propia historia. Los sentimientos residuales de la experiencia personal sedimentan generando convicciones. En este proceso intervienen pensamiento y afectividad. Kohlberg nos llama la atención sobre la interacción de las instancias antes mencionadas: Cotidianamente entre la demanda existencial y las orientaciones prácticas se da un cotejo pensante, práctico y emotivo. La instancia de pensamiento que contiene esta historia de las convicciones madura como un pensar desde el otro (reversibilidad), y como un pensar desde el “todos” (formalidad universal).

La convicción se desarrolla, en primer lugar, comprendiendo el reverso de las acciones, es decir, el significado que las acciones propias adquieren  miradas desde el lugar del tú que está también comprometido en esa acción. Este traslado de puntos de vista es algo que sólo puede hacer el pensamiento. El siguiente paso consiste en poder pensar en el sentido que las acciones adquieren si las miramos desde la universalidad de los sujetos, si las pensamos como normas sociales. De este modo, la acción se abre desde su realidad concreta para ser repensada de un modo más formal, como norma universal. Pero hay que entender esta formalidad como síntesis de sentido y no simplemente como un mayor grado de abstracción. Es decir, se comprende que en determinadas experiencias se han verificado significados que son capaces de reunir, de dar coherencia y contenido no sólo a la propia vida personal, sino que ese descubrimiento tiene como destinatario un “nosotros” abierto para incluir un “todos”.

Asimismo, la convicción recorre  también un proceso práctico que sigue los estadios establecidos para una conducta autónoma: superación del criterio de aprobación social, superación del temor a la descalificación y al castigo, superación del criterio de interés y superación del criterio de intercambio. Cuando a través de lo que podríamos llamar la historia personal de la libertad, como historia práctica de crecimiento, se superan esos criterios convencionales o heterónomos de acción, se alcanza la autonomía práctica  que establece el lugar  en donde pueden asentarse las convicciones. Esta superación no es sólo racional, es una conquista en los hechos, porque es una conquista de la propia autonomía que está asediada no teóricamente sino histórica y socialmente. La autonomía es un poder de hecho que sólo se adquiere ejerciéndolo, sin él no hay lugar para las convicciones.

La convicción recorre la historia a nivel de los sentimientos, es la experiencia de realización práctica de una posibilidad y de satisfacción práctica de un necesidad. La mayor reserva de la convicción es una reserva de felicidad. Lo caminos que nos han hecho bien señalan direcciones válidas, es decir, valores que en su experiencia de plenitud despiertan aquel amor radical que sustenta a las convicciones.

1.4 – La formación de valores en la escuela católica

Si bien toda institución educativa contiene en su ideario la formación ética de los alumnos en los valores del respeto, la solidaridad, conciencia y responsabilidad, es en los colegios católicos donde el compromiso por la transmisión de estos valores es aún mayor por:

  1. a) La concepción antropológica del hombre como hijo de Dios.
  2. b) La relación con los otros como “prójimo”, hijos del mismo Padre.
  3. c) El Amor como forma de vínculo y de corrección fraterna.
  4. d) La creación específica de los colegios religiosos para ser formadores de cultura y fe.

Por todo esto es en las instituciones educativas religiosas católicas donde se advierte una clara vocación a la educación moral-ética de los alumnos, con clara explicitación de los valores a los que adscribe y buena intención en el deseo de plasmarlos. Lo que resulta a veces difícil es adecuar las acciones para la implementación de estos valores. La institución, mediatizada por todas las instancias que la componen (docentes, padres, directivos, psicopedagogos, catequistas, etc.), oscila entre actitudes permisivas y represoras, cuando las instancias se agotan. Atendiendo a los aspectos teóricos hasta aquí analizados me propongo relatar una experiencia, llevada a cabo en el marco de una escuela religiosa, en la que se intentó operativizar una intervención que pudiera dar cuenta de cuáles son las estrategias adecuadas para plasmar en la práctica docente la integración del sentir, pensar y actuar en la formación de valores. Esta experiencia se presenta en la segunda parte del presente trabajo.

2da. Parte: Una propuesta de intervención

Hay un refrán que pregona “del dicho al hecho hay mucho trecho”. Este refrán nos puede llevar a reflexionar sobre cómo la tan instalada discusión acerca de la formación de los valores se plasma en la dinámica institucional de un equipo docente en la escuela y en la práctica de los maestros en las aulas. Este tema se transformó en objeto de análisis de mi práctica psicopedagógica dentro del departamento de orientación educativa de una escuela católica y resultó tan significativo como para que se constituyera en el tema del presente trabajo.

La observación de diferentes situaciones cotidianas en la escuela (peleas, desobediencias, incumplimientos, transgresiones) y la diferente resolución de las mismas en instituciones educativas religiosas me llevó a plantearme numerosos interrogantes:

-¿Qué mensaje transmite el enojo de una maestra porque sus alumnos no cumplieron una consigna indicada?. Lo que es obvio para ella y que motiva su enojo ¿es comprendido desde la estructura lógica del niño?  De no serlo ¿puede garantizarse la no reiteración del incumplimiento?. ¿Qué significa para el niño el enojo de su maestra?

– Cuando algunos chicos se pelean enardecidos, ¿basta el separarlos y retarlos? ¿Es oportuno hablarles de las razones  y/o valores por los que no deben pelearse?. ¿Se logra calmar así las emociones que suscitaron la pelea?

-¿Son “mentiras” los argumentos que los niños pequeños dan para justificar su inconducta? ¿Hay un intento  consciente de engañar? ¿O un intento adaptativo, de salvarse de la situación de riesgo, que implica el castigo? ¿Se manifiesta una percepción diferente de la realidad entre el niño y el adulto?

Todo aquel que transite por una institución educativa, especialmente primaria, reconocerá en estas preguntas una instancia reflexiva de las constantes situaciones que al docente le toca enfrentar y a las que debe dar respuesta. La manera como las signifique, así como la concepción que tenga sobre el sujeto al que educa, determinará su proceder.

Sería importante considerar el aporte que la psicología puede brindar en relación al bienestar psíquico, que implica el desarrollo integrado de las potencialidades cognitivas, psicoafectivas, y podemos agregar espirituales. Para  lograr este objetivo en el alumno, es necesario  partir de una concepción antropológica del hombre que valore la integración, concepción  que debe ser objeto de integración reflexiva por parte de los directivos y docentes que son los encargados de diseñar las acciones que plasman en la acción el proyecto educativo de una institución. Dicha integración posibilitaría mayores éxitos pedagógicos y formativos al adecuar la exigencia de la intención educativa a la posibilidad y motivación vital del educando. Aprovecharía también  la oportunidad evolutiva para privilegiar aprendizajes específicos y brindar al sujeto de la educación, una experiencia integradora de sí mismo, aportando al campo de la prevención en salud mental.

En síntesis, es necesario intervenir desde una concepción integrada  del sujeto  para que nuestra intervención pueda ser integradora. Es decir, toda acción educativa que apunta a la formación de valores lo será realmente si apunta a estimular el desarrollo del pensamiento en función de dar respuesta a una situación de vida, propiciando la resolución de problemas y conflictos, en un contexto afectivo contenedor, que acompañe la maduración psicoafectiva.

Indudablemente, es necesario diseñar las estrategias y modos de intervención que nos permitan lograr ese propósito. Particularmente considero que el dispositivo apropiado para ello es el desarrollo de la capacidad de argumentar. ¿Por qué la argumentación? Porque la concibo como una estrategia integradora, que ejercita en los niños la resolución de conflictos a través de la expresión de ideas, emociones y de la evaluación valorativa de las diferentes alternativas que siempre están implícitas en la resolución cualquier situación.

Observamos que niños con el mismo nivel de pensamiento presentan matices diferentes en la riqueza de expresión de argumentos y justificaciones. Aquellos alumnos que expresan sus ideas, propuestas o razones de manera más clara y convincente son los que generalmente pueden resolver mejor sus conflictos de interacción social. Muchas  veces son “los buscados” para integrar grupos de trabajo, o resultan ser los líderes de los mismos. Es que “saber argumentar” es lo que permite tanto defender nuestras opiniones frente a los otros como descifrar los mensajes provenientes de contextos en los que se intenta influir en nuestra conducta” (Perelman, 1999).

Según Rodríguez (1995) la argumentación se construye en un proceso. Inicialmente el dialogo argumentativo es oral ya que “la presencia cara a cara de los interlocutores facilita la toma en consideración y la adaptación al punto de vista del otro. La cooperación del receptor es muy importante para construir el mensaje, hacer cambios durante el proceso, precisar contenidos”.  Posterior y progresiva- mente llegará a ser escrita, sin que dependa de la presencia real de un interlocutor. Para ello es necesario “que se ubique internamente en el punto de vista del otro y que pueda estructurar su escrito tomando en consideración las posibles propuestas de los lectores. La anticipación del pensamiento del otro para elaborar las contraargumentaciones exige un esfuerzo de descentración considerable”. ( Perelman, 1999 ).

La construcción de la argumentación es solidaria de la construcción del razonamiento. La elaboración del propio punto de vista supone una construcción, un camino de interacción progresiva con el objeto a tratar. Elaborar argumentos supone aumentar el conocimiento del tema, informarse, conocer otras opiniones, apelar a otras fuentes, profundizar el sentido de la mismas. Evaluar y ponderar las soluciones, razones y  valores alternativos. Este desarrollo lleva necesariamente a una elección o acción que será indiscutiblemente consciente, responsable y autónoma sea errada o no. Esto nos remite al razonamiento y juicio moral. Es la capacidad de juicio moral la que permite regular las interacciones con otros de acuerdo con ciertas normas construidas o adoptadas por el sujeto. “El razonamiento lógico es una argumentación que mantenemos con nosotros mismos y que reproduce interiormente los rasgos de una verdadera argumentación” (Martinez, Rada, Reboiras,1990).

Generalmente, si no es estimulado, el niño “desconoce la variedad de estrategias argumentativas que podría utilizar para defender sus opiniones. Suponen que un argumento se compone casi exclusivamente de un adjetivo calificativo (Perelman, 1999). Es frecuente escuchar de los alumnos expresiones tales como: “la película que vi me gustó mucho porque era linda“.  Es importante señalar que se advierten diferencias en la calidad de las expresiones verbales entre alumnos pertenecientes a instituciones educativas tradicionales y los pertenecientes a instituciones con ideología constructivista tácita ó explícita. De lo que podría desprenderse que  determinadas modalidades pedagógicas son favorecedoras del desarrollo del pensamiento, de la argumentación  y, por lo tanto, del juicio moral.

Según Domínguez Chillón (1997) “Las intervenciones educativas basadas en el conflicto y la discusión como métodos de educación moral, tienen su origen en la teoría  elaborada por Piaget y su seguidor Kohlberg sobre el desarrollo moral en el niño. Numerosas investigaciones en la misma línea, han apoyado sistemáticamente la eficacia de la discusión para avanzar en el razonamiento moral”. La capacidad de juicio moral es la que permite regular las interacciones con otros  de acuerdo con ciertas normas construidas  o adoptadas por un sujeto. En todo sujeto hay una estructura normativa y un criterio moral que se corresponde con ella.

El dispositivo utilizado en esta experiencia promueve, ante una situación conflictiva a resolver, la participación en diálogo grupal. En este diálogo, cada alumno aporta sus opiniones, sentimientos y sistemas de creencias y, a su vez, escucha el aporte de los otros. Estas expresiones pueden ser coincidentes o no. De no ser serlo actúan como contrasugestiones favoreciendo la descentración del propio punto de vista y por consiguiente posibilitando la gradual liberación del egocentrismo cognoscitivo.

El poder expresar las emociones, sentimientos, creencias, cualesquiera sean, frente a otros, en un clima de escucha y respeto, genera en el que se expresa, la vivencia afectiva de ser comprendido y aceptado, lo que favorece la autovaloración del niño. Como dice Flavell (1979). “La necesidad social de compartir el pensamiento de los  demás y de comunicar el nuestro de manera adecuada se halla en la raíz de nuestra necesidad de verificación”, a lo que también podríamos añadir nuestra necesidad de aceptación.

Seguidamente se presenta el relato de la experiencia a través de la cual se llevó a cabo el dispositivo que hasta aquí se ha presentado y fundamentado.

2.1. Relato de la experiencia

Situación

El contexto de la experiencia es el de un colegio parroquial donde se me consulta sobre la dinámica grupal de un 5º grado. La mamá de una alumna de ese grado informa a la dirección que su hija no quiere concurrir a clase porque unos chicos del grado la han amenazado con mostrarle el pene. No hay nombres. Se habla de un chico que llevó una navaja pero nadie parece haberla visto, ni se sabe quien la tenía. Nuevamente no hay nombres, solo sospechas. La maestra no ve un buen clima en el grupo. Nadie se anima a hablar.

Intervención

Interpreto que la situación es confusa porque nadie logra hablar claramente. Las amenazas (mostrar el pene-navaja) parecen indicar un proceso intimidatorio de un chico o grupo de chicos hacia el resto. No hay quejas, ni acusaciones. ¿Por miedo,?. ¿Por lealtad?.

La experiencia previa acredita que el exceso de interrogatorios grupales y/o individuales , como forma de encontrar la verdad pueden presionar y resultar contraproducentes. Por lo tanto decido planificar una intervención atendiendo a los siguientes aspectos:

Propósito: descomprimir la situación y movilizar recursos personales y grupales para la resolución del conflicto.

Modalidad de trabajo: considero la conveniencia de un abordaje múltiple propiciando el efecto multiplicador de estímulos provenientes de diferentes áreas y presentados desde diversas perspectivas. Para ello, se recurre a los distintos agentes y recursos ordinarios de la acción educativa; por lo tanto, se propicia la participación de la maestra, de la catequista (quien está a cargo del área de Formación Etica y Ciudadana) y mi participación directa con el grupo-clase. Se consideró que, dado el “silencio” del grupo, no era conveniente forzarlo sino que se buscaría intervenir desde los horarios habituales y abordando contenidos específicos de aprendizaje.

Actividades propuestas:

Con la maestra: se planificó conjuntamente con la docente a cargo del grado favorecer la discriminación frente a cualquier situación de riesgo. Así utilizando el tema de Elementos e Instrumentos (contenidos del área de Ciencias Naturales) acordamos incluir y enfatizar los aspectos benéficos y  perjudiciales de los elementos: aire, fuego, agua; de los instrumentos y de las herramientas fabricadas por el hombre, y el buen uso ó mal uso y las consecuencias de uno y otro. Dentro de las herramientas se incluyen las armas, especialmente las cortantes.

Con la catequista: acordamos que a partir de la guerra en Yugoslavia, conocida y comentada por  los chicos, inundados en ese momento por constantes imágenes de noticieros y diarios, pudiera abordarse “la violencia de la guerra”, sus consecuencias en personas, familias y territorios para  favorecer la reflexión sobre las “guerras nuestras de cada día” y las diferentes violencias que recibimos y ejercemos cotidianamente.

Se consideró conveniente acompañar a las docentes para contenerlas respecto a la ansiedad personal e institucional por resultados (saber la verdad, encontrar el culpable, etc.) y dar tiempo a que el grupo signifique lo que le pasa a la luz de estos nuevos elementos.

Por mi parte, realizo una visita psicopedagógica de seguimiento (estrategia habitual del departamento de orientación) dado que el “secreto” hacía impensable un abordaje directo. Propongo una actividad basada en una cuento sin final el que, por lo tanto, puede ser completado de diferentes formas por los chicos. Propongo al grupo pensar y expresar las muchas formas posibles de terminarlo. Esta consigna apunta a movilizar recursos personales y grupales para  la resolución del conflicto.

Este material había sido especialmente preparado para la ocasión y estaba  contextuado en un espacio extraescolar y lúdico, hacía referencia a una situación intimidatoria grupal entre compañeros. La falta de desenlace intentaba posibilitar diferentes resoluciones. Se adjunta a continuación el material utilizado y las preguntas que se formularon como disparadoras del análisis de la situación.

CUENTO

”En una plaza se encuentran un grupo de chicos del barrio. Pedro, Juan, Natalia, José, David, Juana y Mateo. Se conocen desde hace varios años.

Un día Juan decide que quiere jugar a un juego. Lo convence a Pedro de obligar a los restantes a participar. Juan dice que el que no juegue a lo que él dice, se queda sin jugar, o peor aún Pedro puede pegarle. Pedro era muy grandote ,y los chicos creían que podía pegar fuerte..

Una nena se queja de esta situación y quiere que algún adulto intervenga”

DINÁMICA DEL ENCUENTRO

Los chicos advierten que falta el final. Propongo pensar diferentes posibilidades. Promuevo la consideración de determinados aspectos a traves del planteo de preguntas que voy haciendo progresivamente. A partir de cada una de ellas los alumnos contestan verbalmente en grupo clase. Se sienten interesados. Hay una participación general con mayor ó menor vehemencia de acuerdo a las características personales. A medida que contestan van elaborando nuevos aportes. Mientras hablan la maestra toma nota de los comentarios de los chicos. Se plantean secuencialmente tres preguntas que se trabajan verbalmente en grupo clase después del enunciado de cada una.

Preguntas:

-1) ¿Todos en el grupo reaccionaron igual? ¿Qué piensan ustedes que hará cada uno?

-2) ¿Qué sentirá cada uno?

-3) ¿Qué harían ustedes en una situación así?

La pregunta uno apunta, en su primera parte, a que puedan discriminar dentro de la situación grupal a cada uno de los integrantes. En la segunda parte se busca legalizar el poder pensar, el poder imaginar posibles acciones en el espacio transicional entre la fantasía y la realidad que propone el cuento.

La pregunta dos remite a la vivencia, al sentimiento, a la propia afectividad proyectada en los diferentes personajes, que al ser varios, facilitan la expresión de sentimientos ambivalentes ó contradictorios.

La pregunta tres tiende a facilitar la integración de la vida afectiva y la intelectual en una adaptación interindependiente.

Respuestas de los niños

Pregunta 1

¿Todos en el grupo reaccionaron igual? ¿Qué piensan ustedes que hará cada uno?

RESPUESTAS:

– Pedro pegó al que no jugó pero no le dolió.

– Al no haber peligro que duela no se sienten obligados a jugar.

– El grupo menos Pedro y Juan juegan juntos.

– Pedro y Juan piden perdón y se integran al juego.

– Pedro y Juan piden perdón pero no los dejan jugar y juegan solos.

– Se pusieron todos de acuerdo para hacer algo, andar en bici.

– Pedro renuncia a su actitud de decidir él solo, y reconoce que las opiniones de los   demás valen.

– Llaman a un adulto para evitar que les peguen.

– Los chicos recurren a las mamás de Pedro y Juan para que los castiguen.

– Pedro pegó y dolió, entonces los chicos se unieron y reaccionaron a la violencia.

– Convencen a Pedro de que no obedezca a Juan.

– Ante la amenaza Pedro y Juan piden perdón al grupo.

Pregunta 2

Qué sentirá cada uno?

RESPUESTAS

Sentimientos adjudicados

a JUAN:

Valentía

Coraje

Se siente importante.

Puede portarse así porque tenga problemas en la casa.

Orgullo.

Alegría por poder mandar.

Se siente solo y quiere un amigo, Pedro.

a Pedro

Valentía para pegar.

Culpa:

piensa en lo que hizo y cambia.

a NATALIA :

Miedo.

a José

No quiso jugar, fue valiente al defender su libertad.

Otros:

Amenazados.

Miedo.

Dolor.

Ante la mención reiterada de valentía pregunto que quiere decir esa palabra; responden: acto heroico, lo que hacen los héroes, superhéroes, los de  verdad. Acotan cuando uno menciona a San Martín. Cuando haces algo bueno por otro.

Pregunta 3 :

¿Qué harían ustedes en una situación así?

RESPUESTAS:

Hablar con los padres. Otro acota que así pueden aumentar las amenazas.

Conversar de los problemas.

Que se arrepientan y cambien de actitud.

Los padres se arreglan entre ellos y los castigan.

Al finalizar el encuentro, dado  el tiempo transcurrido (hora clase), se les solicita que cada uno termine el cuento por escrito, expresando lo que cree que haría. Acordamos que la maestra me entregaría lo que escriba cada uno.

(Dicho material se adjunta en el anexo)

SEGUIMIENTO Y EVOLUCION

Seguimiento

Luego del encuentro antes descripto se realiza el seguimiento interdisciplinario del grupo a través de la observación diaria por parte de la maestra  con especial atención  a la dinámica grupal y a su temática.

A partir de lo  observado se realiza  la planificación conjunta de las áreas de Formación Ética y Ciudadana y Catequesis, coordinado por la psicopedagoga, utilizando contenidos curriculares para trabajar dichas temáticas, esclareciéndolas y permitiendo espacios de construcción  interpsíquicos y de formación de valores.

Durante el seguimiento se advirtió un incremento en la habilidad de los docentes en “”leer” la dinámica grupal.

Evolución

La posibilidad de expresar pensamientos u opiniones individuales y grupales en un marco de aceptación y respeto marcó un antes y un después. Progresivamente, y a medida que fue transcurriendo el dispositivo implementado, reapareció en el grupo un clima más distendido, de mayor libertad y confianza.

Paralelamente, se opacó el desenvolvimiento de un niño, líder ideológico que inducía a otros a realizar transgresiones menores. Este niño empezó a entristecerse y pudo individualmente manifestar y reconocer su sufrimiento por dificultades afectivas y de rendimiento de antigua data y pedir ayuda.

A modo de cierre

He intentado explicitar a lo largo de este trabajo cómo la formación de valores transmitidos en la escuela es una tarea ineludible. Particularmente, en la escuela católica, si bien los dogmas y contenidos religiosos se enseñan en catequesis, es desde toda la actividad educativa institucional donde se transmiten los valores evangélicos. Esta transmisión se realiza desde un sujeto concreto a un sujeto concreto en crecimiento quien evolucionará en sus aspectos cognitivos, afectivos y espirituales en la medida que se va integrando.

Los desarrollos del pensamiento, de la afectividad y de los valores son solidarios entre sí. Por ello, elegir las estrategias para su evolución implica el desafío de conocer e integrar dichos aspectos. La complejidad de la tarea involucra como interviniente favorecedor la figura del psicopedagogo; al constituirse como instancia que promueve en la comunidad educativa la observación reflexiva y la búsqueda de las formas más adecuadas de intervención en la formación de valores.

He insistido a lo largo de este trabajo sobre la necesidad de no perder de vista la totalidad del sujeto. Si la Gracia supone la naturaleza ningún aspecto que hace a la integralidad del hombre puede ser soslayado.

BIBLIOGRAFÍA

  • Camps, Victoria. (1998). Hacer reforma. Los valores de la educación. Grupo Anaya – Aique. Madrid – Buenos Aires.
  • Domínguez Chillón, Gloria. (1997). Los valores en la educación infantil. Editorial La Muralla. Buenos Aires.
  • Finardi, Marta. (1995). El juicio moral del adolescente. Editorial Docencia. Buenos Aires.
  • Flavell, John H. (1979). La Psicología Evolutiva de Jean Piaget. Editorial Piados. Buenos Aires.
  • Martinez, E., Rada, A. y Reboiras J.C.. (1990). Fantasías infantiles y aprendizaje. Editarial Educativa. Buenos Aires.
  • Onetto, Fernando. (1997). Con los valores quién se anima. Editorial Bonum. Buenos Aires.
  • Perelman, Flora (1999). La producción de textos argumentativos en el aula. Revista Zona Educativa Nº 11. Buenos Aires.
  • Piaget, Jean (1977). El criterio moral en el niño. Editorial Fontanela. Barcelona. España.
  • Rodríguez, María Elena. (1995). Hablar en la escuela ¿Para qué? ¿Cómo?. Revista Lectura y Vida Nº 3.
  • Rogoff, Bárbara. (1998). Aprendices del pensamiento. El desarrollo cognitivo en el contexto social. Paidós. Buenos Aires.
  • Schujman, Gustavo (1999). Filosofía, Formación Ética y Ciudadana. Editorial Aique. Buenos Aires.
  • Valero García, José María (1991). La escuela que yo quiero. Gran Editorial. Buenos Aires.

Pánico ante las situaciones de examen – Lic. María Celina Abuchdid

El temor a la situación de examen es un trastorno que aqueja a gran número de estudiantes, tiene implicancias de gran envergadura para el desempeño y autoestima de la persona que lo padece.

Es de suma importancia informar acerca de las características y desarrollo de este Trastorno o Fobia para poder realizar un diagnóstico acertado y un tratamiento eficaz.

Nos referimos a la ansiedad normal como una emoción psicobiológica básica del individuo, adaptativa ante un desafío o peligro presente o futuro, su función es activar conductas apropiadas para enfrentar dicha situación, es una respuesta normal ligada al instinto de conservación.

La Ansiedad se convierte en un trastorno cuando la respuesta es exagerada y no ligada a un peligro real, situación u objeto externo, ocurre de modo innecesario, exagerado, y condiciona la conducta del individuo de manera incapacitante interfiriendo negativamente en la vida social, laboral y familiar.

La Fobia Social o Trastorno de Ansiedad Social ha adquirido gran relevancia desde principio de los años noventa, diversas razones han influido para el reconocimiento de la fobia social como un importante trastorno, la frecuente comorbilidad con otros trastornos y la apariencia relativa a un rasgo de timidez o inhibición explica gran parte de esta tardanza.

El aspecto común que hace al trastorno es el temor a ser evaluado negativamente por los demás y la fuerte inhibición que esta creencia produce.

La Fobia Social de define en el Manual Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) como “Un temor acusado y persistente a una o más situaciones sociales o de actuación en público en donde el sujeto se ve expuesto a personas que no pertenecen al ámbito familiar o a la posible evaluación por parte de los demás.

El individuo teme actuar de un modo embarazoso”.

El DSM IV indica también dentro de los criterios diagnósticos que la exposición a la situación social temida provoca casi invariablemente gran ansiedad en el individuo quien reconoce ese temor como excesivo e irracional.

Además, las situaciones sociales o de actuación en público se tienden a evitar o soportar con una ansiedad intensa.

Los síntomas del trastorno interfieren de manera importante en el funcionamiento cotidiano del individuo provocando deterioro en distintas áreas (interpersonales, laborales, académicas).

El temor a dar exámenes es una Ansiedad Social Específica (TAS) o Fobia Social Específica, los síntomas se activan frente a la proximidad de esa situación particular.

La persona anticipa el escenario “examen” como catastrófico. Teme fracasar y ese pensamiento comienza a incrementar la ansiedad desencadenando síntomas fisiológicos tales como malestar abdominal, sensación de ahogo, taquicardia, enrojecimiento facial, temblores, sudoración.

A nivel cognitivo se desarrollan temores relativos a un mal desempeño, a no poder rendir eficazmente, a quedar paralizado y sin recursos, no saber qué decir o hacer y sentirse avergonzado frente a los demás. Se observan expresiones como “No me voy a acordar de nada, me van a tomar lo que no sé, voy a quedar mal ante todos, me voy a poner nervioso y se van a dar cuenta, ¡qué vergüenza!”

Conductualmente los síntomas observables son la evitación a la situación temida y si no es posible hacerlo suele atravesarse con gran malestar que pueden adquirir la forma de crisis o ataques de pánico.

Cuando la persona se enfrenta a la situación específica temida se ponen de manifiesto “esquemas” o creencias centrales acerca del autoconcepto o lo “que debería ser” y desempeño personal o “cómo tendría que actuar “, las creencias subyacentes en este tipo de trastorno están relacionadas con el “éxito-fracaso”, “aceptación-rechazo”, esto significa que la persona teme fracasar y ser rechazada por ello.

Los rasgos de personalidad están caracterizados por una gran exigencia, poco margen para la equivocación y necesidad de demostrar idoneidad. Estas altas expectativas sumen a la persona en un temor constante a defraudar o no poder hacerlo bien.

El temor y la inseguridad relativa a su desempeño se presentan en forma casi invariable cuando se atraviesa la situación o situaciones temidas.

Para detectar esta fobia es importante reconocer el estímulo fobígeno desencadenante (en este caso el examen porvenir) del incremento de la ansiedad y los pensamientos anticipatorios negativos que comienzan a generarse a manera de predicciones nefastas (me va a ir mal, no voy a aprobar, voy a quedar mal…).

Luego se sucederá gran malestar con proliferación de síntomas fisiológicos y se comenzará a evaluar la manera de evitar la situación, se construyen excusas y explicaciones que intenten justificar la “huida”.

En caso de que la persona logre evitar la situación temida, la ansiedad disminuye inmediatamente, se produce una gran sensación de alivio. No obstante, aparecen inmediatamente autorreproches e incremento de la vivencia de incapacidad.

La evitación alivia la ansiedad y disminuye al mismo tiempo el sentimiento de autoeficacia, instaurando la frustración como emoción central, que pronostica futuros enfrentamientos de la situación de examen, en forma desfavorable.

El conocimiento de este circuito funcional permite a la persona darse cuenta de que padece una fobia social específica o TAS.

Los estudios epidemiológicos han detectado que muchas personas afectadas por este trastorno permanecen sin recibir un diagnóstico y tratamiento.

A pesar de ser un problema que genera preocupaciones y limitaciones considerables, las personas lo padecen secretamente, como un “estigma”, por la vergüenza e incomodidad que provoca y la falta de información.

La intención de esta breve descripción es colaborar con la autodetección del problema, y animar a quienes lo padecen a buscar la ayuda adecuada.

 

 

María Celina Abuchdid

Licenciada en Psicología.

Especialista en Trastornos de Ansiedad.

Matrícula Profesional Nª9061

 

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Paradigmas en discapacidad – Lic. María Adelaida Comte Challú

Recorrido histórico del paradigma de la discapacidad y sus prácticas:

Desde la antigüedad, el tema de la discapacidad, así como las estrategias de atención a las personas con discapacidad han sido abordadas desde distintos paradigmas o modelos.

Haré un recorrido histórico del cambio en el paradigma de la discapacidad y con ella el modo de afrontar sus prácticas.

Se pueden reconocer tres grandes modelos:

  1. El modelo de la prescindencia:

Durante la antigüedad y la edad media la actitud hacia la discapacidad era la prescindencia. Ya sea por haber recibido un castigo de los dioses o por considerarse que las personas con discapacidad no tenían nada que aportar a la comunidad, se asumía que sus vidas carecían de sentido y que, por lo tanto, no valía la pena que vivieran.

Las causas de la discapacidad eran religiosas: por el pecado o por advertencia divina. Por otro lado, la persona con discapacidad no tenia nada que aportar a la sociedad, era considerado un ser improductivo y por consiguiente se transformaba en una carga para la familia y la comunidad.

A raíz de la condición de castigados e innecesarios, surgieron dos consecuencias que dieron origen a dos submodelos. El eugenésico y el de la marginación. En el eugenésico, más propio del mundo antiguo, la solución estaba enfocada en la eliminación del niño con discapacidad dándole muerte. Mientras que, en el modelo de marginación, característico de la Edad Media, la solución consistía en la separación o el alejamiento de la persona de su núcleo social. El modelo de la marginación fue introducido por el cristianismo ya que condenaba el infanticidio. Por eso proliferaron los asilos y hospitales donde los niños con discapacidad eran abandonados.

A partir de este submodelo, y especialmente durante los primeros siglos del cristianismo, las personas con discapacidad, aún que marginales, cumplen un rol en la sociedad: ser mendigos para que los ricos puedan dar limosnas y así alcanzar la salvación. Sin embargo, en la Edad Media y a raíz de la peste negra, son asociadas a la pobreza y contagio lo que acababa por convertir a la marginación en una verdadera exclusión.

  1. El modelo médico o rehabilitador:

A principios del siglo XX, a raíz de la primera guerra mundial y de la introducción de las primeras legislaciones en torno a la seguridad social, el concepto de discapacidad sufre un cambio de paradigma.

Los veteranos de guerra y el auge de las leyes laborales fueron los responsables de este cambio. Los impedimentos físicos y mentales comenzaron a entenderse como enfermedades que podían recibir tratamientos, por lo que ya no era necesario la marginación de la sociedad.

Los presupuestos sobre los que se basa este paradigma son dos:  las causas de la discapacidad son científicas y las personas siempre que puedan ser rehabilitadas pueden tener algo que aportar a la comunidad. Así al cambiar las causas, cambian su concepción y tratamiento: si la deficiencia biológica tiene causa científica, la discapacidad puede ser curada y prevenida.

Entonces el objetivo del modelo médico es curar o modificar su conducta para esconder la diferencia y así poder reincorporarla a la sociedad.  El tratamiento se realizaba en una institución especializada, pero esto termina transformándose en causa de marginación y maltrato. Este modelo contribuye a la creación de una identidad en la que la persona se define por su enfermedad.  Por eso se los llamaba “discapacitado”, “invalido”, “minusválido” “subnormal”, “especial”. Aquellas formas de nombrarlos se sostienen hoy en día. De hecho, suele verse en los medios de comunicación: “discapacitados” en políticas sociales, “pensión para discapacitados”, en los medios de transporte “transporte para discapacitados”. Al nombrarlos de esta forma se termina haciendo hincapié en la limitación y no en la totalidad de su persona. Una terminología correcta sería “persona con discapacidad”.

La persona con discapacidad es estigmatizada por una relación en la que lo médico está sobre el paciente y en la que la inserción social esta supeditada a la rehabilitación.

Sin embargo, ese modelo tuvo buenos aportes. Con la idea de la rehabilitación emerge la posibilidad del trabajo protegido, ya que los Estados comienzan a hacerse cargo de quienes poseen diversidades funcionales. Surgen las políticas publicas tendientes a poner los tratamientos médicos y los medios técnicos al servicio de las personas con discapacidad. Es decir que la vida de la persona con discapacidad, aunque este supeditada a la rehabilitación, adquiere sentido.

La concepción médica rehabilitadora de la discapacidad tiene un concepto de la discapacidad que se apoya en la definición utilizada por la OMS que considera a la persona con discapacidad como objeto pasivo de intervención, tratamiento y rehabilitación, generando consecuencias opresivas para las personas al reducir la discapacidad a un estado estático y así violar sus componentes experienciales y situacionales.

Como efecto de esta concepción, desde el punto de vista político y jurídico la discapacidad se enmarca en la legislación de asistencia y la seguridad social, o como parte de cuestiones de derecho civil relacionadas a la menor capacidad, la incapacitación o la tutela.

  1. Modelo social:

Tiene sus orígenes en el movimiento de vida independiente que nació en Estados Unidos a finales de 1960. Este movimiento difundió la idea de que la independencia está dada por dirigir el destino de la propia vida y abandonando la idea de la independencia como la capacidad de ser autónomo en los quehaceres cotidianos.

Así fue como se fue trasladando el foco de lo individual a lo social. En lugar de pensar la discapacidad como una carencia de la persona que se debe remediar para lograr la inserción, se pasa a mirar las diferencias como un producto social, resultado de las interacciones entre el individuo y un entorno que no fue concebido para él.

Si las causas de la discapacidad son sociales, las soluciones deben estar dirigidas a la sociedad y no solamente a la persona concreta afectada. Por eso el énfasis se asienta sobre la rehabilitación de la sociedad que ha de ser concebida y diseñada para hacer frente a las necesidades de todas las personas, gestionando las diferencias e integrando la diversidad.

Para este modelo las causas de la discapacidad son sociales:  son las limitaciones de la propia sociedad que no es capaz de asegurar que las necesidades de las personas con discapacidad sean tenidas en cuenta dentro de la organización social. Por otro lado, la persona con discapacidad tiene tanto que aportar a la sociedad como aquellas que no lo son. Partiendo de la premisa de que toda vida humana es igualmente digna, se sostiene que lo que puedan aportar estas personas se encuentra íntimamente relacionado con la inclusión y la aceptación de la diferencia.

Los efectos prácticos de este modelo son que los medios de subsistencia de las personas con discapacidad son la seguridad social y el empleo ordinario. Y que la discapacidad comienza a verse como una cuestión de derechos humanos. Esto significa que la persona ya no es objeto de políticas asistencialistas sino sujeto de derecho.

Los supuestos básicos de este modelo son: toda vida humana, con independencia de la naturaleza o complejidad de la diversidad funcional que lo afecte, goza de igual valor en dignidad. Todas las personas deben tener la posibilidad de tomar decisiones que le afecten a lo que atañe a su desarrollo como sujeto moral. Esta idea de independencia es considerada como la capacidad de autocontrol y toma de decisiones de la propia vida, más que la realización de actividades sin necesidad de ayuda. Las personas con diversidad funcional gozan del derecho a participar plenamente en todas las actividades: económicas, políticas, sociales y culturales del mismo modo que las personas sin discapacidad.

Durante la primera etapa entre 1970 y 1980 se produjo un gran avance en la desinstitucionalización y el movimiento de defensa de los derechos civiles. Además, se desarrolló un enfoque centrado en el potencial de aprendizaje y en el comportamiento adaptativo de las personas con discapacidad. Todo esto trajo como resultado avances en la integración social en la educación, en la formación profesional y empleo y en la vivienda y participación social.

A mediados de 1980 hasta la actualidad se esta experimentando una nueva concepción de la discapacidad con un énfasis y enfoque ecológico (que tiene en cuenta a la persona y su ambiente) y por la provisión de apoyos individualizados en entornos comunitarios inclusivos.

Es en estos años cuando surge el concepto de calidad de vida que integra todas las propuestas de cambio de paradigmas sobre la discapacidad y también proporciona un medio para aplicar este cambio en las políticas públicas y en las prácticas profesionales.

Un documento que introdujo una nueva perspectiva en el abordaje de la discapacidad fue la convención de derechos de las personas con discapacidad (CDPCD) del año 2006 de las Naciones Unidas

La CDPCD establece que “la discapacidad es un concepto que evoluciona y resulta de la interacción entre las personas con deficiencias y las barreras debidas a la actitud y al entorno que evitan su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones que los demás”[1] además de reconocer “el valor de las contribuciones que realizan y pueden realizar las personas con discapacidad al bienestar general y a la diversidad de sus comunidades” [2]

Es por eso por lo que se pueden encontrar muchas coincidencias entre el modelo social y la CDPCD: dignidad de la persona humana, autonomía (entendida como la facultad para tomar decisiones) y accesibilidad (entendida como posibilidad de participar en todos los espacios de la comunidad)

Con la CDPCD el tema de discapacidad pasa a ser considerado un asunto de derechos humanos.

Dentro de este paradigma, se defiende el derecho de las personas con discapacidad a establecer relaciones interpersonales y de convertirse en personas social y económicamente activas.  Será cuestión de la sociedad de organizarse para eliminar las barreras físicas y actitudinales, de manera que el efecto de las deficiencias no vaya más allá del ámbito fisiológico de la persona.

Esta visión toma en cuenta las barreras del entorno que limitan o impiden la participación real de las personas con discapacidad en diversos ámbitos, como el educativo, laboral, político, entre otros

Así las personas con discapacidad dejan de ser definidas por la mera portación de una limitación para definirse como “aquellas que tengan deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a largo plazo, que, al interactuar con diversas barreras, puedan impedir su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con los demás” [3]

Este modelo social se encuentra en desarrollo y sus planteos aun no han finalizado. Es necesaria una integración de las perspectivas tanto médicas como psicológicas y sociales.

La mejora de la calidad de vida de las personas con discapacidad es un asunto de todos. Hay que desarrollar una sociedad inclusiva que aprecie y reconozca las aportaciones a la sociedad de todos los individuos y que incorpore la diversidad de manera natural.

La psicología de la discapacidad, además de contribuir al conocimiento científico, puede integrar y dar coherencia a los avances de las distintas áreas de la psicología. Todo ello sin perder de vista la finalidad de mejorar la calidad de vida de los individuos y los derechos de las personas y su defensa.

¿Qué sucede en nuestro país?

En nuestro país podemos ver como tres modelos interactúan hoy en día.   La ley 23.431, llamada Ley de Sistema de Protección Integral de los discapacitados, promulgada en 1981 con el objetivo de otorgar a las personas con discapacidad atención médica, educación y seguridad social. Esta ley si bien tiene en cuenta el ambiente, su definición de discapacidad se centra en el modelo médico. “se considera discapacitada a toda persona que padezca una alteración funcional permanente o prolongada, física o mental, que con relación a su edad y medio social implique desventajas considerables para su integración familiar, social, educacional, o laboral.”[4]

Cabe preguntarse si antes de 1981 el modelo reinante en cuestiones de discapacidad sería el modelo de la prescindencia ya que no se ha encontrado legislación al respecto.

La ley 24901, ley de sistema de prestaciones básicas en habilitación y rehabilitación integral a favor de las personas con discapacidad, fue sancionada en 1997. Esta es una ley enmarcada en el modelo médico si bien comienzan a verse las influencias del modelo social ya que declara “un sistema de prestaciones básicas de atención integral a favor de las personas con discapacidad, contemplando acciones de prevención, asistencia, promoción y protección con el objetivo de brindarles una mayor cobertura integral a sus necesidades y requerimientos” [5]

En el año 2008, la ley 26378 aprueba la convención sobre los derechos de las personas con discapacidad y su protocolo facultativo, aprobados mediante resolución de la asamblea general de Naciones Unidas. Esta ley corresponde al modelo social actual.

Por otro lado, en el ámbito escolar, también coexisten distintos modelos.

Del modelo médico aún existen las escuelas especiales (1853), centradas en el déficit, y en donde se pretende educar para homogenizar. Así como también las escuelas de recuperación (1924) para evitar la repitencia y la deserción escolar. En otros ámbitos aparecen los Centros Educativos Terapéuticos.

Del modelo social, aparece el modelo educativo integrador (1960-1980): con este modelo aparece la terminología de necesidades educativas especiales. Y en el 2002, comienza a imponerse el modelo educativo inclusivo que termina de consolidarse después del 2006 con la CDPCD y la ley nacional de educación.

Es importante tener en cuenta que los avances en la concepción y medida de la calidad de vida así como en el desarrollo de la autodeterminación de las personas con discapacidad, es una de las líneas de mayor relevancia actual en Europa. Con ellas se avanza directamente en la definición de las actividades y apoyos para cada individuo, contribuyendo a modificar el rol desempeñado por las personas con discapacidad hacia un mayor control de sus propias vidas. Este modelo propuesto por Miguel Verdugo Alonso y Robert Schalock en el año 2000 aún tiene poca divulgación en Argentina, ya que los modelos preponderantes continúan siendo el modelo médico y el modelo social de los primeros comienzos en donde se busca la inclusión, pero aun cuesta la integración en una sociedad donde todos puedan ser socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.

BIBILOGRAFIA:

Guzmán, Francisco; Toboso, Mario y Romañach, Javier (2010): fundamentos éticos para la promoción de la autonomía y la interdependencia: a la erradicación de la dependencia.

ONU (2006): Discapacidad. Instrumento de ratificación de la convención sobre los derechos de las personas con discapacidad.

Palacios, Agustina y Bariffi, Francisco (2007) La discapacidad como cuestión de derechos humanos: una aproximación a la convención internacional sobre los derechos de las personas con discapacidad.

Palacios, Agustina (2008) el modelo social de la discapacidad: orígenes, caracterización y plasmación en la convención internacional de los derechos de las personas con discapacidad.

Velarde Lizama, Valentina (2011): los modelos de la discapacidad: un recorrido histórico.

Ley 23.431 Ley de Sistema de Protección Integral de los discapacitados, 1981.

La ley 24901, ley de sistema de prestaciones básicas en habilitación y rehabilitación integral a favor de las personas con discapacidad, 1997.

[1] ONU (2006) preámbulo E.

[2] ONU (2006) preámbulo M.

[3] ONU (2006) Convención de derechos para personas con discapacidad, articulo 1

[4] Ley 22431, articulo 2

[5] Ley24901, articulo 1